Berlín, 25 ago (EFE).- El peruano Claudio Pizarro se convirtió anoche en el héroe de una noche de infarto para el Werder Bremen, que culminó con la clasificación del equipo del norte de Alemania a la fase de grupos de la Liga de Campeones con un gol del conquistador, conseguido en la prórroga.
"No jugamos bien al comienzo", admitió Pizarro al término del partido con lo apenas lograba insinuar el calvario por el que pasó el equipo alemán que llegó a estar con más de un pie por fuera de la competición.
El Bremen había llegado al partido de vuelta contra el Sampdoria en Genova con la renta del 3-1 de la ida pero muy pronto terminó dilapidando esa ventaja.
"En el primer tiempo hicimos mal todo lo que podíamos hacer mal", reconoció el entrenador Thomas Schaaf, bastante más drástico que el jugador peruano.
En el minuto 13, el Bremen ya perdía por 2-0, con lo que tenía que olvidarse de la Liga de Campeones y empezar a pensar en el consuelo de la Liga Europa.
En el segundo tiempo, el Bremen se despertó y empezó a atacar con insistencia, aunque con muchas dificultades para llegar al remate a puerta.
El Sampdoria jugaba con la concentración defensiva característica de los equipos italianos y de vez en cuando inquietaba con contragolpes mientras el reloj corría a su favor.
En el minuto 85, el ex-madridista Antonio Casano marcó, de tacón, el tercer gol para el Sampdoria que parecía ser la puñalada final para el Bremen.
"Fueron tres golpes para nosotros los tres goles que nos metieron", comentó Pizarro después.
El Sampdoria empezó a celebrar la clasificación y con ello bajó un poco la guardia y perdió algo de la concentración que había tenido hasta ese momento en defensa.
Tal vez en ello estuvo la clave de que de repente, ya bien entrados en el tiempo de descuento -corría el minuto 93- el sueco Markus Rosenberg tuvo cerca del área italiana todas las libertadas que no había tenido ningún delantero del Bremen.
Rosenberg remató raso, al segundo poste, y llegó el gol que forzaba la prórroga.
En cierta medida, con ello todo estaba servido para el Bremen que llegaba al alargue con sensaciones positivas tras haberse salvado en el último instante mientras que los italianos acababan de darse un golpe al caer súbitamente de la nube de la celebración prematura.
El Bremen, encabezado por Marko Marin y por Pizarro, salió en la prórroga a buscar la clasificación.
En el minuto 100, Marin se deshizo de dos contrarios cerca de la raya central, avanzó hasta cerca del área y le entregó el balón a Pizarro que, tras regatear a un rival, disparó desde unos veinte metros y puso al Bremen en camino a la fase de grupos.
"No creo que sea necesario que hagamos siempre las cosas tan dramáticas", comentó al final, aliviado, el entrenador Thomas Schaff.
Hoy la prensa alemana destaca ante todo el dramatismo del partido, registra el valor del gol de Pizarro y también el del que marcó Rosenberg y la paradoja que el tanto del sueco encierra.
Rosenberg en realidad no entra en los planes de Schaaf para esta temporada y sólo entró al campo porque Sandro Wagner, el compañero de ataque de Pizarro, sufrió un corte en la frente al disputar un balón aéreo y no pudo volver al campo porque su camiseta estaba ensangrentada y no había una segunda camiseta con su número.