Desierto del Futbol
07 de December de 2011
En algún lugar.- Por Carlos Torres Bujanda.-Tres días han pasado y la verdad había dejado en el tintero la muerte de Sócrates, tremendo futbolista brasileño, el cual jugó en el último Brasil que hizo vibrar al mundo con su futbol, el de la Copa FIFA España 1982.
La verdad yo estaba bastante chico, siete años, como para recordar las hazañas de ese Brasil de Tele Santana sobre los campos españoles como desparramaba a sus rivales en el campo durante la primera fase y como humilló a la Argentina de un joven Maradona que pagó derecho de piso ante la magia verde amarella.
Todo aquello quedó frenado en una tarde calurosa en Barcelona, en el estadio del Sarriá frente a Italia, donde Brasil dejó de ser Brasil para siempre, dicen que Brasil no sólo perdió un campeonato sino también perdió su alma.
Se preocuparon por el resultado y no por el estilo, ni ser fieles a su historia, su magia fue reducida hasta alguna individualidad o en los anuncios de Nike; claro con chispasos como los de Romario en Estados Unidos 1994 o de Ronaldo, no Cristiano, en el 2002, los cuáles vi y la verdad no disfruté para nada, hubiera preferido que hubiera ganado Bulgaria de Stoichkov, la Italia de Maldini o la Suecia de Larsson en Estados Unidos; o bien la menguada Alemania de Kahn en el 2002, o de perdida Turquía que sorprendió con su estilo tozudo y apasionado, como son los Turcos.
Gracias a la magia del “Youtube”, (no, no veo a los Vázquez Sounds), repito una y otra vez las escenas de ese Mundial en España, el primero que vi en Televisión, aunque en 1986 ya tenía 11 años y pude ver a Maradona ganando sólo la Copa del Mundo; y en Italia 1990 cómo murió el futbol espectáculo.
Todos hablan del Barcelona, de España, pero creo que no se le compara, y jamás como ese Brasil de 1982, el cual, dicen, que si hubiera tenido a Cabinho en la delantera otra sería la historia.
Como dicen que dijo Tele Santana, aquel equipo no jugaba para ganar, sino para la inmortalidad en el recuerdo. Hay que decir que con esa vara de medir, su éxito fue total, por lo que la muerte de Sócrates no deja de ser una noticia engañosa. Gente como él nunca muere.