FÚTBOL-LIBERTADORES
16 de August de 2010
Río de Janeiro, 16 ago (EFE).- El argentino Andrés D'Alessandro, en plena madurez, tiene ante sí el cometido de liderar al Internacional brasileño en la final de la Copa Libertadores, el reto más importante en la carrera de un futbolista que hace años impresionó por su precocidad.
Ya han pasado siete años desde que este habilidoso centrocampista, entonces comparado con Maradona, maravillase al mundo por su clarividencia y su trato fino al balón, motivos por los que dejó de forma prematura el River Plate para enrolarse en las filas del Wolfsburgo alemán.
Desde entonces, su fuerte temperamento, su liderazgo en el campo, y sus finas habilidades han pasado por las canchas de Inglaterra y España, entre otros escenarios, donde salpicó con destellos y pizcas de picardía el fútbol de los equipos que defendió, pero a la postre siempre dejó un sabor agridulce.
En Brasil, donde recaló en 2008, se ha convertido en un ídolo y quizás haya culminado su etapa más equilibrada y regular, con más tiempo como titular.
A sus 29 años, este malabarista del balón ha cosechado títulos como el mundial sub'20 de 2001, cuando despuntó al lado de Javier Saviola, o el oro olímpico de Atenas en 2004.
Surgido en la cantera de 'los Millonarios', debutó con derrota en el River el 28 de mayo de 2000 ante Unión de Santa Fe.
A pesar de que pasó más de un año sin casi oportunidades en el club, llamó la atención de varios equipos europeos, por lo que en 2001 llegó ha hacer una prueba en el West Ham inglés, aunque el River optó por retener a su figura más prometedora.
Con más oportunidades en el equipo porteño, D'Alessandro se convirtió en titular y maravilló con su habilidad y velocidad.
En la temporada 2002 explotó al marcar 19 goles, lo que llevó al Wolfsburgo a contratarle el siguiente verano boreal a cambio de 9,5 millones de euros, el mayor desembolso de su historia.
Le costó adaptarse al exigente fútbol de Alemania, donde le anularon fácilmente por su baja estatura y débil complexión física.
Tras dos temporadas decepcionantes, pidió salir del equipo para recalar en el Porstmouth inglés, donde tampoco sobresalió antes de dar el salto al Zaragoza español como cedido.
En su primera temporada en España, esta eterna promesa ofreció su mejor cara en el campo, dejando sentado en el suelo a muchos de sus rivales casi sin despeinarse.
Pero volvió a las andadas con sus cambios de humor, sus roces con los técnicos por su falta de motivación en los entrenamientos y sus bajones de rendimiento, sobre todo de cara al gol.
En 2008, el San Lorenzo de Almagro compró la mitad de su ficha y lo repescó para el fútbol argentino, pero en su país ya no volvió a brillar, al ser eliminado en cuartos de final de la Libertadores y quedar cuarto en el Clausura.
Su calidad incuestionable, que siempre fue una buena tarjeta de presentación, condujo al Internacional a llevarlo a Porto Alegre, donde sí ha conseguido hacer sonreír a la afición 'colorada'.
Sus diabluras y sus regates contribuyeron de forma decisiva a un equipo que ha apostado en los últimos tiempos por el fútbol ofensivo y que ha cosechado triunfos con esa receta.
En su primera temporada en Porto Alegre, ganó la Copa Sudamericana, título inédito para un club brasileño, con una actuación memorable y dos goles en el partido de vuelta de la semifinal, en el que el Inter ganó 4-0 precisamente al mexicano Chivas de Guadalajara, su rival en la final de la Libertadores.
Al año siguiente, triunfó en el campeonato regional de Río Grande do Sul y terminó segundo en la Liga brasileña, con opciones de haber ganado el campeonato en la última jornada.
Este año, a pesar de sus vaivenes de humor y de juego, D'Alessandro, que fue el mejor jugador en el partido de la ida de la final, tiene la oportunidad de coronar su "cabezón" con la corona de campeón de América, algo que pondrá alegres a quienes descubrieron en él una joya surgida de la inagotable cantera de River.